LEYENDAS SANTACRUCEÑAS

Por: Dunia Sosa

15193687_1612377592390309_529077176220678240_nEn Santa Cruz del Norte existen dos elevaciones muy parecidas a un frayle en el púlpito y una monja en posición de rezo. Mar, aire, lluvia y sol legaron las curiosas figuras con el paso de los siglos.
Hermosas leyendas se tejieron alrededor de estas esculturas naturales. Una de ellas trata de un hombre y una mujer que vivieron hace muchos años en este hermoso paraje de la costa norte cubana, quienes se amaron intensamente, pero con frustración por los prejuicios familiares de la época.
Día tras día se veían a escondidas junto al mar y, mientras el agua acariciaba sus pies descalzos, lloraban su pena. Ya desesperados, pero jurándose amor eterno, decidieron él ingresar a un monasterio y ella a un convento. Él se hizo fraile y ella monja, pero no dejaron de acudir todos los días a la orilla del mar, aunque distantes y sin mirarse, como tributo a su romance trunco, guardando respeto a los votos religiosos.
Cierto día por un designio oculto y sobrenatural quedaron ambos convertidos en piedra, mientras contaban sus penas al mar.

15203232_1612378505723551_1052178264161229016_nPero la pareja no murió del todo. Quedaron en la memoria de las generaciones venideras negadas a aceptar que los dos enamorados hubieran desaparecido para siempre.Los amantes se habían convertido en dos esbeltas piedras, esculpidas por la artista más diestra y sensible de este mundo: la naturaleza, artífice de la conversión en piedra, o lo que es lo mismo, de un símbolo del amor eterno.
Cuentan que en las noches de luna, ya muy tarde y en absoluto silencio, el fraile abandona lentamente su sitio y se dirige a saludar a la monja. Ya cerca de ella muy respetuosamente le besa la mano. Luego se retira, callado, y regresa a su sitio.