LEYENDAS Y TRADICIONES

Tomado de internet:

El Central Hershey se encuentra situado en el Municipio de Santa Cruz del Norte, al norte en la Provincia de La Habana, Cuba. Una urbanización muy vistosa con bellos jardines y apropiadas facilidades para deportes, incluyendo un excelente terreno de pelota.
Por medio del tren se llegaba desde Casablanca al central y pueblo de Hershey. También siendo accesible por la carretera de Jaruco y la Vía Blanca (tomando desvío en Santa Cruz del Norte en dirección hacia Jaruco). Muy usual de las excursiones escolares de la ciudad de La Habana visitar este central y pasar el día los jóvenes disfrutando de los bellos jardines y facilidades deportivas.

 

Además la construcción de las viviendas se basan en Madera contrastando con el entorno verde que rodea el poblado del batey Hershey donde se levantan varias edificiones que a día de hoy van venciendo a la historia y van formando bonitos recuerdos de los pobladores más lonjevos que van pasando de generación en generación. En la foto que publicamos se ve un monumento dedicado a las madres que se levantan en el parque del batey.

 

La Leyenda del Fraile y la Monja

Por Jose Luis Guzman:

Mucho antes de que se instituyera en Cuba la celebración del Día de San Valentín en la lejana fecha del catorce de febrero de mil ochocientos cuarenta y uno, ya la obra del oleaje de las playas santacruceñas, narraba en su eterno ir y venir, la historia de un amor imposible.

La tradición oral, cual libro de fantásticas páginas, recoge la leyenda tejiendo una trama de ensueño, matizada por el dolor de un romance trunco, que de boca en boca contaron las  generaciones de abuelos.

En Santa Cruz del Norte existen dos elevaciones muy parecidas a un frayle en el púlpito y una monja en posición de rezo. Mar, aire, lluvia y sol legaron las curiosas figuras con el paso de los siglos.

Hermosas leyendas se tejieron alrededor de estas esculturas naturales. Una de ellas trata de un hombre y una mujer que vivieron hace muchos años en este hermoso paraje de la costa norte cubana, quienes se amaron intensamente, pero con frustración por los prejuicios familiares de la época.

Día tras día se veían a escondidas junto al mar y, mientras el agua acariciaba sus pies descalzos, lloraban su pena. Ya desesperados, pero jurándose amor eterno, decidieron él ingresar a un monasterio y ella a un convento. Él se hizo fraile y ella monja, pero no dejaron de acudir todos los días a la orilla del mar, aunque distantes y sin mirarse, como tributo a su romance trunco, guardando respeto a los votos religiosos.

Cierto día por un designio oculto y sobrenatural quedaron ambos convertidos en piedra, mientras contaban sus penas al mar.

Pero la pareja no murió del todo. Quedaron en la memoria de las generaciones venideras negadas a aceptar que los dos enamorados hubieran desaparecido para siempre. Los amantes se habían convertido en dos esbeltas piedras, esculpidas por la artista más diestra y sensible de este mundo: la naturaleza, artífice de la conversión en piedra, o lo que es lo mismo, de un símbolo del amor eterno. Cuentan que en las noches de luna, ya muy tarde y en absoluto silencio, el fraile abandona lentamente su sitio y se dirige a saludar a la monja. Ya cerca de ella muy respetuosamente le besa la mano. Luego se retira, callado, y regresa a su sitio.

Leyenda del Pozo del Esclavo

Por Jose Luis Guzman:

Las historias más bellas son aquellas que de boca en boca, traspasan los umbrales del tiempo y llegan hasta nuestros días con la misma frescura de la primera vez, la leyenda que a continuación les narraré, mantiene intacto el espíritu de rebeldía y libertad que la originó.

Cuentan los abuelos que en la sangrienta época de la esclavitud, El territorio que hoy ocupa el pueblo Santa Cruz del Norte era un valle de ingenios, con más de cincuenta pequeñas fábricas de azúcar y grandes plantaciones de caña donde muchos de los esclavos se rebelaban y eran sometidos o huían hacia las lomas cercanas formando palenques donde vivían.

 Apunta la narración oral que en el camino desde la costa hacia las serranías, en la zona de Jibacoa, hay un profundo pozo en el que los negros fugitivos se detenían para mitigar la sed, sucede que los rancheadores que los perseguían con sus perros para atraparlos y devolverlos a las dotaciones de sus dueños, hacían lo mismo cuando llegaban sedientos a aquel lugar.

La leyenda apunta que en una ocasión un grupo de cimarrones fue sorprendido por una partida de rancheadores muy cerca del pozo y cuando estaban a punto de ser capturados, un negro viejo, considerado Brujo Mandingo en su tierra natal, por poseer poderes mágicos, se convirtió en un frondoso árbol, un gran jagüey, y con sus ramas y raíces atrapó a los perseguidores para que los esclavos pudieran escapar. Lo cierto es que muy cerca de lo que hoy es la base de campismo “Los Cocos”, cruzando la carretera, existe un profundo pozo, abrazado por un viejo jagüey cuyas raíces cubren, como un forro de madera viva las paredes desde el brocal hasta el fondo y se le conoce como “El pozo del esclavo”, allí como huella indeleble de su existencia, el majestuoso árbol guarda a sus pies, un canto de hermandad y rebeldía.